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 Cinco de Mayo de 1862 • La Batalla de Puebla
            Los designios descabellados de Francia fueron fomenta- dos y confabulados por los terratenientes plutocráticos y los conservadores de México que temían perder su poderío y sus tierras al nuevo gobierno constitu- cional del Presidente Juárez. El 8 de diciembre de 1861, los poderes europeos desembarcaron en el Puerto de Veracruz y lo ocuparon, siendo España la primera en llegar. Para el 11 de abril de 1862 España e Inglaterra se enteraron de las in- tenciones de Francia y abandona- ron su apoyo embarcándose hacia Europa.
Mientras tanto, en la ciudad de México, el Presidente Juárez (indio zapoteca que se había licenciado como abogado y había estudiado para el sacerdocio) tomaba medi- das para contrarrestar la invasión: “El gobierno de la República...en vista de la declaración de los ple- nipotenciarios franceses, no pue- de ni debe hacer otra cosa que rechazar la fuerza con la fuerza y defender a la nación de la agre- sión injusta con la que se la ame-
naza. ...Tengamos fe en la justicia de nuestra causa... haciendo triun- far no sólo a nuestra patria, sino a los principios de respeto y de inviolabilidad de la soberanía de las naciones”. El Presidente Juárez declaró la ley marcial en todas las áreas ocupadas por los franceses en estado de sitio.
Cuando llegaron las tropas de refuerzo francesas, el ejército se componía de (7.000) siete mil sol- dados que salieron en la ruta de (225) doscientas veinticinco millas hacia la ciudad de México a princi- pios de abril con la ilusión de que los mexicanos les darían la bien- venida. Esta ilusión fue nutrida por Juan N. Almonte, un reaccionario mexicano, y por el Conde Dubois de Saligny, el embajador fran- cés, nombrador por Napoleón. El Presidente Juárez le dió la orden al General Ig-nacio Zaragoza de detener el avance de las fuerzas armadas francesas en los fuertes de Loreto y Guadalupe cerca de la ciudad de Puebla. Zaragoza contaba con sólo (2,000) dos mil hombres.
El 5 de mayo de 1862, los caño- nes resonaron y los rifles dispara- ron y más de (1,000) mil soldados franceses cayeron muertos. Los mexicanos habían ganado la bata- lla, pero no la guerra. Sin embargo, esta fecha es la que simboliza el valor mexicano ante una armada tan formidable.
Para junio de 1864, Maximiliano de Habsbur-go y su esposa Carlo- ta (austriacos) llegaron a la ciudad de México para tomar posesión del recién formado Imperio Mexi- cano y fueron coronados como el Emperador y la Emperatriz de Mé- xico. Aunque Maximiliano organi- zó la administración del gobierno, liberó a los indios de la esclavitud, y desarrolló los recursos naturales del país, no pudo evitar la oposi- ción de los patriotas mexi-canos. Los republicanos, al mando de Be- nito Juárez, no aceptaron la inter- vención extranjera. Se refugiaron en el norte del país y les pidieron ayuda a los californianos y a otras sociedades mexicano-norteameri- canas con financiamiento y volun- tarios para la lucha.
Finalmente, Maximiliano fue de- rrotado y capturado el 15 de mayo de 1867; fue juzgado por una corte marcial y ejecutado por una escua- dra de fusilamiento el 19 de junio en el Cerro de las Campanas con sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.
El 5 de mayo es una fiesta na- cional mexicana. El campo de batalla es ahora un parque en Puebla con la estatua del General Zaragoza montado a caballo. Uno
de los fuertes es ahora un museo de historia que describe a escala con soldados de juguete lo ocu- rrido durante la Batalla de Puebla. Pero es en los Estados Unidos de América donde se celebra de una forma más festiva con desfiles, mú- sica, bailes folclóricos y comida. Estas festivi-dades son para recau- dar fondos para obras benéficas y como demonstración de la solida- ridad que existe entre los mexica- no-norteamericanos.
   Edición Especial Cinco de Mayo • Po r Latino Press •
























































































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