Tradiciones Mexicanas

Tradición que muere la famosísima “Pelea de Gallos” en México

Francisco Castellanos J.

CIUDAD DE MÉXICO. Aunque en algunos Estados como Sonora Veracruz las peleas de gallos están prohibidas, en el resto del país esta práctica es bastante popular. 

Se lleva a cabo en gran parte de las fiestas regionales y atrae a un importante número de aficionados. Tienes toda la información en: “Tradiciones mexicanas: las costumbres más importantes de México”.

Una pelea de gallos o riña de gallos es un combate que se lleva a cabo entre dos gallos de un mismo género o raza de aves denominada “aves finas de combate”, propiciados por el ser humano para su disfrute y apuestas.

Las peleas más antiguas de las que tenemos noticia ocurrían en Asia. En China ya se celebraban hace dos mil quinientos años y es posible que mil años antes se hicieran en la India.

En la Antigua Roma eran usadas para adquirir valentía. Las peleas de gallos ya estaban floreciendo en la Filipinas precolonial, según lo registrado por Antonio Pigafetta, el cronista italiano a bordo de expedición de Fernando Magallanes en 1521, donde dicha práctica fue presenciada por primera vez. 

La práctica en dichas islas deriva del hecho de que comparten elementos de las culturas indígenas del sureste asiático y otros, donde las aves de la selva y del tipo oriental de pollo son endémicas. Posteriormente, esta práctica fue llevada a América por los españoles.

Al final del siglo XVIII, en su tratado de historia natural, Buffon nos relata varias tradiciones de peleas con gallos y otras aves.

La arena, ruedo, redondel, palenque o coliseo, que es destinado para ese fin específico se conoce como “Gallera”, donde el ave que demuestra mejores cualidades en el combate se declara como ganadora. 

Para ello debe dejar a su adversario inhabilitado para seguir peleando. En algunos casos hay gallos con “poca casta” que huyen de la pelea al estar heridos en cuyo caso pierden el combate o la pelea.

Los gallos de razas finas o de combate son criados bajo normas de vacunación, alimentación y cuidados especiales para lograr un desarrollo físico ideal y los de mejores cualidades para la riña se someten a un acondicionamiento físico o entrenamiento para llegar a su encuentro en el ruedo, cancha, coliseo, etc.

En algunas regiones, en las riñas, los gallos son equipados con espolones artificiales de plástico, carey, hueso de pescado, acero, etc. que permiten que las aves puedan herir a su oponente más fácilmente que con sus espolones naturales.

En otras variaciones de riña los espolones naturales son cubiertos con una envoltura de tela o cuero para prolongar el combate. La riña sin espolones artificiales o sin envoltura en los mismos se le denomina como pelea a “talón desnudo”.

Otra modalidad de arma en la riña de gallos es la utilización de navajas en las patas del animal con medidas y formas variables (desde 1/4 pulgada hasta 4 pulgadas), suplantando de este modo a su arma natural de pelea. Esto se practica en Guatemala, Estados Unidos, México, Nicaragua, Honduras, Panamá, Perú, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Filipinas y Puerto Rico

En Cuba se acostumbra calzar los gallos de pelea con espuelas naturales postizas. La obtención de estas espuelas naturales presupone la crianza paralela de gallos con este único fin, cuyas espuelas son sometidas a un tratamiento muy cuidadoso y prolongado hasta que alcanzan las dimensiones requeridas para su extracción y procesamiento.

Veracruz es el primer estado de México en prohibir formalmente las peleas de gallos. Hace unos días, la Suprema Corte de Justicia de la Nación puso punto final a una controversia interpuesta por los empresarios criadores de gallos de pelea en la entidad. 

La Ley de Protección a los Animales Para el Estado de Veracruz considera las peleas de gallos un acto de crueldad y maltrato por lo que el gremio de criadores acudió al máximo tribunal para que se volvieran a permitir estos espectáculos.

En el documento de amparo presentado por la Comisión Mexicana de Promoción Gallística A.C., señalaban que los cambios hechos a la ley en noviembre de 2016 vulneraban sus derechos constitucionales a la cultura, propiedad, libertad de trabajo, derecho a la igualdad y no discriminación.

Sin embargo, la Suprema Corte resolvió que estos cambios no violan la Constitución de México. “Ninguna práctica que suponga el maltrato y el sufrimiento innecesario de los animales puede considerarse una expresión cultural amparada por la Constitución”, resolvieron los ministros de la Primera Sala.

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