México

Seis flores mexicanas que se comen, tradiciones y costumbres

Francisco Castellanos J.

CDMEX, julio 25.– Las flores no sólo sirven en México, para demostrar su amor a la pareja, para regalar en cumpleaños o llevárselas a nuestro difunto. No. N, también son un alimento rico y exótico

¿Has comido flores mexicanas en algún platillo? Te presentamos seis que crudas o guisadas seguramente ya probaste alguna vez.

El uso de flores mexicanas en la cocina no es para nada nuevo, aunque no por ello menos sorprendente. Las podemos encontrar en las recetas de la comida de fiestas, en la llamada “nueva cocina mexicana” o en sencillos preparados de todos los días.

La exquisita flor de calabaza

Así, la amarilla flor de calabaza que se vende en los mercados de cualquier región es quizá la más popular de las flores mexicanas que se comen. 

Cocinada con sal y rebanada finamente, la flor de calabaza se convierte en una pasta que envuelve un corazón de queso manchego. 

fresh yellow pumpkin flower in nature

Después se pasa por huevo revuelto con un poco de leche y se fríe para, finalmente, dejarla sobre un lago de caldillo de jitomate. O Bien en las famosas quesadillas con flor de calabaza o tacos de flor de calabaza.

¿Mayas y chinos pudieron tener un intercambio cultural antes de que llegaran los españoles?

Esa flor frita con mantequilla y harina blanca, a la que después se le incorpora jitomate molido con un diente de ajo y una tajada pequeña de cebolla y caldo de pollo, se convierte en una crema si se le agrega leche.

Una variación se presenta si se le añaden granos cocidos de elote y largas tiras de chile poblano.

Sin embargo, es común que se coma frita con sal, cebolla y calabacitas, abrazada a una tortilla como quesadilla.

Lavada y en rodajas, junto con papas cocidas cortadas en cubitos y lascas de ejotes y chiles poblanos, la flor de calabaza es ingrediente de una ensalada a la que a veces se le incorporan crema y polvo de queso.

Flores de maguey

Las flores de maguey desgranadas parecen blancos azahares. Hay quien las recolecta con un palo que tiene un punzón en la punta y así la baja del “escapo” del maguey, —la vara que le crece al centro y parece una madera porosa y fuerte—, pero en los mercados de algunos estados como Hidalgo, México y Tlaxcala, las venden como racimos o ya sin tallos y pistilos que es como deben comerse.

Tienen un sabor suave, similar al pollo. Por eso se consideran como un sustituto de esa carne, y se cocinan como relleno de enchiladas o tacos dorados después de cocerlas con unos granos de sal.

Suelen agregarse crudas a ensaladas de papas, chícharos y mayonesa; guisarse como tortas ahogadas en salsa de tomates verdes y chiles cuaresmeños; después de cocerse, amasarse, revolverse en harina y huevo batido para después freírse; o mezcladas con atún después de dorarlas ligeramente sin grasa.

Añaden un sabor agradable a la sopa de verduras, condimentada con tocino o frita con mantequilla; o pueden ser una crema exótica si se le adorna con algunos espárragos o champiñones.

Flores de palma

La flor de la Palma también es comestible en la nueva Cocina Mexicana

De las palmas crecen unas voluminosas flores blancas, agrupadas como nubes. Tienen un sabor fuerte y se emplean para rellenar chiles poblanos después de guisarlas con cebolla, sal y jitomate al gusto. Se sazonan con caldo de pollo o condimentos artificiales.

También esas flores son un relleno ideal para los pimientos morrones si, después de cocerlas con sal y un diente de ajo, se les revuelve con queso y crema. A los pimientos se les quitan las semillas y se les cuece. Después se doran un poco y, finalmente, se les rellena.

Las flores de palma cocidas ya, y revueltas con huevo batido y frito, se agregan a salsas de tomate verdes o rojas con picante. Se acompañan con frijoles de olla y tortillas de maíz. Guisadas con carne de puerto y chile verde sustituyen a las verdolagas, aunque con un sabor más fuerte.

Flores de colorín

Las flores de árbol de colorín son unas delgadas vainas rojas que, cocinadas con sal, cebolla y un diente de ajo, semejan el sabor de la carne de res.

Para nuestros amigos del extranjero que no conocen el colorín les explicamos con detalle:

“El colorín deja en su sombra unos llamativos frijoles color rojo con los que muchos de nosotros jugamos cuando éramos niños, seguramente tú también los recuerdas”.

El colorín es un árbol ornamental con ramas de espinas que coronan flores de color rojo encendido y que forman penachos vistosos.

Presente en muchas colonias y parques mexicanos, este árbol era sagrado para los aztecas, quienes lo usaban con fines medicinales, tal y como lo siguen haciendo hoy los tarahumaras.

La historia del colorín

flor de colorin

En el Códice Florentino al colorín se le atribuye solo un valor estético; sin embargo, en el siglo XVII Francisco Hernández señala el uso medicinal de esta planta.

“El jugo exprimido y depositado en la boca de los niños produce sueño”, señala Hernández, pero tiempo después desaparece de la historia.

Se guisan de la misma forma que las tortas de carne, a las que añade sabor el caldillo de tomate verde con chiles verdes. Los colorines se emplean como carne en el mole de olla, revueltos con frijoles o con aguacate, trozos de lechuga orejona, orégano, vinagre y rodajas de cebolla y aceite de oliva. En resumen, todo lo que lleva o pueda llevar carne. 

Su sabor es igual y su apariencia después de cocerse es muy similar también.

En la llamada “nueva cocina mexicana” las flores mexicanas son un ingrediente predilecto en las guarniciones para acompañar pato o camarones. Una bella y muy simple es la que conforman las tiras delgadísimas de jícama pelada, calabaza, zanahoria y pimiento morrón verde. Todo crudo y adornado con el color rojo de los colorines sin pistilos. 

A cada lado de la ensalada instantánea se agrega un abanico de aguacate.

Flor de jamaica

La flor de jamaica es tradicional en el país para preparar agua de sabor, pero la florecita bermellón también se emplea en guisos como el de los camarones en vinagreta de jamaica.

Aquí los camarones gigantes se guisan con cáscara en caldo de pescado. Una vez cocidos, se pelan. Mientras las flores de jamaica (50 gramos por persona) se remojan dos horas en una taza de vinagre de vino para formar un concentrado que, ya listo, se cuela.

Ambos concentrados se mezclan con una taza de aceite de oliva, el vinagre restante, sal y pimienta. Se adorna con rodajas delgadas de chiles cuaresmeños, un racimo de verdolagas crudas y tres flores de jamaica previamente coloreadas al centro.

Rosas

Las rosas también se emplean en la gastronomía mexicana es una de las flores mexicanas que se comen. Por ejemplo, la compota que se elabora después de secar los pétalos sobre tiras de lino a la sombra.

Se les añade agua y miel en proporción al peso de los pétalos. Se cocinan después en una vasija a fuego lento, en la que se remueve la mezcla con una cuchara de madera hasta que espese.

Después se conserva la compota en frascos de barro o cristal. La miel de rosas se elabora colocando capas de miel y pétalos frescos sucesivamente. A continuación se caliente la vasija para que el aroma sea absorbido por la miel. Después de una semana se retiran los pétalos.

Los pétalos se pueden añadir, ya secos y triturados, a sopas diversas, carnes y pescados. A las ensaladas se les pueden añadir pétalos de rosas frescas enteros o triturados.

El té de rosas se confecciona con pétalos secos. Además del romántico y amable sabor, las rosas contienen vitaminas, sales, fósforos, hierro y calcio. Con esa flor también se fabrican helados.

Por todo esto decimos que las flores mexicanas ya son parte de la gastronomía nacional… o tal vez han estado en ella desde siempre.

 Con información de México desconocido

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