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Las trabajadoras domésticas de EE.UU. dicen “basta” a su falta de derechos

(EFE).- No quieren volver a dormir en la calle, trabajar 90 horas semanales, ni callarse los abusos que sufrieron; las trabajadoras domésticas no están dispuestas a dejar pasar más tiempo y acuden al imponente Capitolio de EE.UU. para sumar a los legisladores a una lucha de décadas por sus derechos.
“Trabajo todo el día, todos los días, cuando me llaman mis patrones siempre les digo que sí. Pero ahora estoy bien, antes he vivido muchas injusticias, uno de ellos abusó sexualmente de mí”, narra a Efe María del Carmen en los pasillos de la sede del Congreso estadounidense.
María del Carmen es trabajadora doméstica y ha llegado a Washington desde Filadelfia junto a compañeras de otras ciudades del país para reunir apoyos de los congresistas y aprobar así la primera Carta de Derechos para las Trabajadoras del Hogar.
“Yo trabajo de todo, cuido a niños, cuido a viejitos, limpio casas, soy mesera… Lo que me pongan”, explica esta mujer que llegó a EE.UU. desde México hace 24 años y cuya historia podría dar para “escribir un libro sobre gente buena y no tan buena”.
“He pasado por muchas situaciones, muchas, cuando uno llega a un país nuevo en circunstancias como las mías… Mire, una vez me fui a trabajar muy lejos con una patrona, no tenía internet, y me quedé a dormir allá fuera en la nieve, sola, porque no había ningún transporte ni nadie a quien llamar”, recuerda María del Carmen.
Las lágrimas comienzan a caer y entonces saca fuerzas de nuevo, como tantas otras veces ha hecho: “¡Pero eso ya pasó!”
Un ambiente de ilusión impregna la habitación del Capitolio en la que las empleadas domésticas, convocadas por la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar, comparten el orgullo que sienten por su actividad y reivindican los derechos laborales que durante décadas les han negado y que sienten ahora más cerca que nunca.
Después de saludos, abrazos, selfis y presentaciones formales ante los trabajadores del Congreso, la directora de esta Alianza, Ai-jen Poo, resume a los presentes la razón de su visita.
“Las trabajadoras del hogar son un colectivo que ha sido excluido de la mayoría de las leyes de trabajo del país durante generaciones desde 1930 -y avanza-, queremos eliminar esta discriminación y crear protección y formación para dar dignidad y respeto a este trabajo”.
Entre las conversaciones que mantienen las mujeres, activistas y representantes se suceden incontables historias asociadas a un trabajo ante el que sus empleadas, en género femenino porque ellas son la inmensa mayoría, han tenido que improvisar una vida conscientes de que no habría nadie que las fuera a defender legalmente.
Natalicia Tracy llegó a EE.UU. desde Brasil porque una familia la trajo como niñera, estuvo dos años esclavizada, trabajando 90 horas los siete días de la semana y sin hablar nada de ingles.
“Vivía en su casa, estaba sola y no tenía nadie, ellos controlaban mi pasaporte”, revela a Efe Tracy.
Pero las cosas cambiaron, más bien ella las cambió, pues se apuntó a clases de inglés, aprendió el idioma y con tiempo y esfuerzo se graduó en Derecho por la Universidad de Boston.
Tracy, quien consiguió mejorar su vida, trabaja ahora para hacer lo mismo con el resto de trabajadoras domésticas, pues ya logró aprobar una declaración de derechos en el estado de Massachusetts y su siguiente objetivo es conseguirlo para todo el país.
“No podemos dejarlo pasar más tiempo”, insistió en su discurso esta semana frente a la senadora por California Kamala Harris, una de las patrocinadoras de las Carta de Derechos de las Trabajadoras Domésticas junto a la representante por el estado de Washington Pramila Jayapal.
“Cuando hablamos de las voces de los vulnerables no nos referimos a gente débil, estas mujeres son personas con una gran fuerza”, sostuvo a continuación Harris, quien próximamente anunciará su decisión sobre su posible candidatura para las elecciones a la Presidencia de EE.UU. en 2020.
Harris se refirió al argumento de la aclamada película “Roma”, dirigida por Alfonso Cuarón, para ejemplificar cómo la vida de estas mujeres está en numerosas ocasiones “llena de complejidad”, ya que narra lo que viven muchas y “que en incontables ocasiones no se ve”.

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